Las horas que pasan en ese hospital parecen las más lentas del mundo. Cada minuto sin noticias de Liam era una prueba de paciencia y de fe. La rutina en la habitación se resumía al silencio, a las oraciones silenciosas y a las miradas que la pareja intercambiaba, como si uno sostuviera al otro con la fuerza de su propio corazón.
Cuando finalmente Ava pudo levantarse con la ayuda de la enfermera, Hector se aseguró de acompañarla hasta el baño. Fue él quien ajustó la temperatura del agua, preparó