Por la mañana, la pareja despertó con una ligereza poco común. Rafaela, animada, ya organizaba los detalles del viaje, dando instrucciones a los empleados sobre lo que debían cuidar en su ausencia. Ethan, por su parte, estaba al teléfono con su hija, sonriendo mientras escuchaba la voz suave de Ava del otro lado de la línea.
—¿Cómo dormiste, querida? —pregunta él, con ternura en la voz.
—Muy bien, papá —responde ella, en tono sereno. —Creo que esa fue la mejor noche después de todo lo que me pa