Es de madrugada y Ava está sola en la habitación. Mientras mira el techo, oye el sonido de pasos acercándose a la puerta. Desvía la mirada y fija los ojos en la puerta, esperando que se abra, pero nada sucede. Curiosa, se levanta de la cama y camina hasta la puerta. Cuando se acerca, ve la manija girar y la puerta abrirse bruscamente. Frente a ella aparece la figura de un hombre alto, usando una capucha que le cubre el rostro.
—No puedo creer que sigas viva —dice el hombre, con la voz arrastrad