Ellos permanecen abrazados por un largo tiempo, como si estuvieran pegando los pedazos de todo lo que el orgullo y el silencio habían roto. Ethan acaricia el cabello de la hija con cariño, y ella se permite descansar por unos minutos en ese regazo que tantas veces deseó, pero que no tuvo el valor de buscar.
Después de un tiempo, aún con la cabeza apoyada en el hombro del padre, ella murmura, vacilante:
—Padre… ¿Qué hago ahora? ¿Cómo debo seguir?
Ethan se aparta lo suficiente para mirarla a los