—Voy contigo —dice Ethan, decidido.
—No es necesario —responde ella, con suavidad, intentando disimular el nerviosismo.
—Pero, hija… —insiste él, con la mirada preocupada.
—Necesito resolver esto sola, padre —dice, mirándolo con dulzura.
—No quiero que enfrentes esto sin apoyo.
—Lo sé. —Ella sonríe, tocándole el brazo. —Pero te prometo que, en cuanto sepa de qué se trata, te llamo y te cuento todo.
—¿Lo prometes de verdad?
—Lo prometo —responde con los ojos brillando, no de lágrimas, sino de va