LXXVII. Nuevos cambios
Ver sus ojos atentos, como me divisaban al proclamar cada una de las palabras que de mi ser salían era casi imposible, su silencio dejaba mucho a la imaginación, pero antes de que ella dijera algo había una cosa en particular que debía de dejar bien en claro.
— Espera... antes de que digas algo quiero que entiendas que, sé que parecerá extraño que quiera unirte a los recuerdos que este lugar trae de por medio, cosa que no hago por malicia, ni tampoco por hacerte menos, lo hago porque quiero r