—Qué idea absurda —rió. —¿Por qué pediría que la acompañaras si no le gustara tu compañía?
—No lo sé —respondió. —Perdón por decir esto. Pero su comportamiento hoy me asustó.
—¿Qué hizo Eva tan aterrador?
—Me agarró el brazo con fuerza y me señaló con el dedo en la cara. Además, me hablaba como si y