Reflexionó un poco sobre lo que acababa de oír. Desde el momento en que decidió poner a Eva en aquel lugar, quería que ella pagara en vida por lo que había hecho; jamás pensó ni deseó su muerte, pues su intención desde el inicio era únicamente prevenir que no hiciera daño a nadie más.
—Está bien, pueden cremarla y arrojar sus cenizas al mar.
—De acuerdo, señor, haremos lo que solicitó. Una vez más, le pedimos disculpas por lo ocurrido.
Al colgar el teléfono, vio a Rafaela acercarse.
—Ethan, ¿to