— ¿Quién?
— Tú — respondió sin dudar.
Ella se inquietó, sin entender bien lo que Mateo quería decir.
— ¿Yo? — le preguntó.
— No puedo sacar de mi cabeza tus palabras de aquel día en que te me declaraste.
— Ah, sobre eso... — se avergonzó.
Jamás habría tenido el valor de declarársele si la rutina de ambos hubiera seguido monótona. Sin embargo, después de la aparición de Aurora y todos los sucesos que vinieron después, se armó de valor para decir lo que había guardado en su corazón durante tantos