En el coche, Sofía se sentía extraña al lado de Mateo. Hacía tanto tiempo que no conversaban nada que ella no conseguía decir ni una palabra.
—Disculpa por tardar —Mateo dijo rompiendo el incómodo silencio que se había instalado allí.
—No tardaste —respondió ella.
—¿Cómo que no? Apenas saliste del trabajo y ya había un tipo tratando de conquistarte.
Sus palabras provocaron una leve sonrisa en los labios de ella.
—Él no estaba tratando de conquistarme. Ese es mi jefe.
—¿En serio? —la miró por uno