93. Nuestra perdición
Elena se lleva la mano hacia su frente, porque no lo cree. Es un golpe duro y repentino para su vida. Él reluciendo nuevamente en su vida, él aquí y haciendo lo que se le plazca. ¿Cómo se enteró que estaba haciendo esto? ¿Cómo la encontró? ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué no puede tener las respuestas y por qué vacila cuando el nombre de su marido sigue presente en su vida?
—¿Está seguro de esto, señor?
—Seguro, señora Mancini. Hablé personalmente con el señor Mancini el día de ayer. Me pidió encarecida