103. Dolorosa confesión
—¿De qué hablas, Simone? —Elena coloca a la bebé en su hombro y con suavidad palmea su pequeña espalda—, No entiendo de qué hablas. Pero me alegra tanto verte, ¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿Quieres sentarte?
—También me alegra verte, Elena. ¿Esa pequeña es tuya? —señala Simone, quedándose en su sitio. Algo extraño genera la presencia de Simone aquí y ahora.
—Es mía —admite Elena con poquedad—, ven, Simone. Toma asiento. Me gustaría presentarte a Constanza Moretti —Elena señala a su lado—, mi