Capítulo 5

Regina

Llegué a presidencia y me encontré con Liam.

—Buenos días —dice en un tono serio, terminé de cerrar la puerta a mi espalda, mi padre estaba sentado en su silla habitual.

—Buenos días—respondí por cortesía, —Padre. —él levantó su mirada hacia a mí, se ajustó sus lentes y sonrió.

—Buenos días, hija, haz llegado a tiempo, en diez minutos empieza la junta.

—Está bien. Iré a mi oficina a recoger unas cosas... —un pretexto para irme de ahí, no quería ver a Liam.

—Regina, ¿Podemos hablar? —mi padre nos miró.

—En otro momento. —Mi padre negó.

—Anda, hablen de una vez, puede que Liam necesite algo. —dijo mi padre

—Bien, —miré a Liam, quien pillé sonriendo de manera disimulada. —salí de la presidencia, quería golpear mis tacones con dureza contra el mármol, pero no quería mostrar mi irritación tan temprano.

Caminé a mi oficina, abrí la puerta y me volví hacia Liam, vestía elegante y casual, camisa de marca y pantalón de vestir.

Entramos y le señalé la silla frente a mi escritorio, llegué a mi lugar y solté un suspiro. —Bien, ¿Qué quieres?

—Mi boda... —lo interrumpí.

—No me INTERESA.

Liam presionó sus labios con dureza.

—Lo sé, pero tengo un motivo muy importante por el cual tengo que hacerlo y, tienes que saberlo por mí.

Solté un suspiro dramático.

—Realmente no tenemos que hacer esto. —Liam arrugó su ceño.

—Por nuestra historia y como terminó…—me removí incomoda en mi lugar.

—Terminemos con esto, tengo una junta en menos de diez minutos. —Liam negó de manera molesta.

—Rachel y yo nos conocimos…

—Y fin de la historia—no quería escuchar cómo se conocieron ni el motivo por el cual se van a casar, siento que es privado y, aunque no quería aceptarlo en voz alta, me incomodaba.

—Ella está embarazada—soltó sin más, alcé mis cejas con sorpresa.

—Qué bien, felicidades futuro papá. —y puse la sonrisa en mis labios.

—Gracias. —nos quedamos en silencio por unos momentos, no pude soportarlo, me puse de pie.

—De nada, tengo una junta, cierra la puerta cuando te marches—esquivé el escritorio para caminar a la salida, cuando Liam alcanzó mi codo y me volvió hacia a él de un movimiento, tomándome por sorpresa.

—Regina…—nos miramos en silencio, nuestras miradas dijeron todo. —Al final, somos el destino de alguien más.

Me solté de su agarre.

—Para mi caso, yo elijo mi propio destino… —me volví a la salida de la oficina, la opresión en mi pecho creció, creció, que hicieron que mis ojos se cristalizaran por las futuras lágrimas, no podía entrar así a la junta, no así, desvíe mi camino a los servicios, me detuve en el gran lavamanos de granito, me miré frente al espejo, noté mi labio inferior, temblar, finalmente las lágrimas cayeron cuando cerré mis ojos, dejé que fluyeran para limpiarme por dentro.

— ¿Señorita Montenegro? —escuché que me llamaron cuando abrieron la puerta, abrí mis ojos y tiré del papel para limpiar mis mejillas.

— ¿Sí? —pregunté a toda prisa.

—La están buscando. —dijo la secretaria de mi padre.

—Sí, ya, ya voy…

—Fue una junta productiva…—escuché a mi padre decir—Las ventas son estables, pero no hay que conformarnos…—asentí mirando en algún punto fijo del piso de mármol, solté un suspiro. — ¿Qué te pasa? —miré a mi padre, me senté en la silla frente a su escritorio.

— ¿Sabías que Liam se casa porque su prometida está embarazada? —mi madre alzó sus cejas, luego puso un gesto serio.

—Lo acabo de escuchar por él esta mañana, se me hizo extraño que me lo dijera, ya que yo no le había preguntado, siento yo que…—detuvo sus palabras.

— ¿Qué? —mi padre sonrió.

—Siento que necesitaba decirlo. No sé cuál sea su motivo, pero se veía ansioso.

— ¿Y los saben mis padrinos? —él asintió.

—Hoy mismo después de decirles, me contó.

—Es extraño, me ha pedido hablar antes de la junta…y me lo ha contado.

— ¿Qué piensas? —preguntó mi padre.

Aclaré mi garganta y moví mis hombros.

—Nada. —presioné mis labios—Bueno, si no quería casarse, ¿Por qué no se protegió más? Si sabe que, sin condón, es posible embarazo…

Mi padre se dejó caer en el respaldo de su silla.

—Sí, te soy sincero, no le veo emoción, le veo más como una…—mi padre se detuvo para encontrar la palabra—…una tortura.

—Pues el bebé no tiene la culpa, pero tampoco estoy de acuerdo que con un hijo se debe de “amarrar” a un hombre.

—Exactamente.

—Pero bueno, si es lo que quieren hacer, que les vaya bien, pero de una vez, no voy a ir a esa boda. —mi padre arqueó una ceja.

—Tienes que ir. —dijo mi padre seguro de sí mismo y de sus palabras.

—No. —dije tajante, me levanté con mi tableta contra mi pecho. —No me puedes obligar a ir a una boda que no quiero ir, sería…—detuve mis palabras al sentir el nudo en mi garganta. —Cruel.

Mi padre arrugó su ceño, luego suavizó su rostro.

— ¿Aún lo amas? —me puse roja, mis mejillas las sentí calientes del sonrojo.

—No sé de qué hablas. —él se levantó de su silla y se acercó hasta a mí, intenté mantenerme fuerte.

— ¿No sé? ¿No sé qué anduvieron por tres meses? —lo miré casi atónita.

— ¿Cómo lo sabes? —pregunté sintiendo más fuerte la opresión en mi pecho.

—Hija, estoy viejo, pero no pendejo.

—Yo no dije que…—mi padre puso su mano en mi hombre y dio un pequeño apretón.

—Liam le contó a su madre, —mi padre hizo una pausa breve—Tuvo una época oscura.

Mi corazón latió a toda prisa, mi mente intentó creer que lo que pasó hace diez años, todo fue una puta confusión, y ahora, él tenía a otra.

—Pues en diez años se le ve bien, ya se va a casar y…

—Será padre. —terminó la oración por mí.

—Sí, será padre.

El reloj marcó las siete de la noche, mi padre ya se había acercado a despedirse de mí, solté un largo suspiro, me dejé caer en el respaldo de mi silla y comencé con mi pie, a moverme.

—Hola—detuve lo que estaba haciendo y miré hacia la puerta, me sorprendió ver a la prometida de Liam en el marco de la entrada de mi oficina. Me enderecé y me acomodé en la silla.

—Hola—intenté sonar indiferente.

— ¿Podemos hablar? — ¿ahora contigo? ¿Qué querrá? ¿Me tirará en mi cara que se va a casar y será madre?

— ¿De qué? —pregunté mientras me hacía pendeja acomodando unos documentos en la superficie de mi escritorio de cristal.

— ¿Puedo pasar? —detuve lo que estaba haciendo, la tipa cuando la conocí era una déspota, ahora… ¿Por qué suena tan educada? Algo quiere, Regina.

—Pasa. —dije, le señalé la silla delante de mi escritorio, al sentarse, pude verla bien, sí qué teníamos similitudes, el mismo color de ojos, el cabello ya no, yo ya lo tenía corto y rubio, todo lo contrario, a ella.

—Quería hablar de algo, no sé si sepas que…—detuvo sus palabras y se puso la mano en su vientre, casi estaba a punto de poner los ojos en blanco.

—Sí, felicidades. Por la boda y por tu bebé…—puse una sonrisa amplia, estaba por dentro controlando esos malditos celos que no quería aceptar.

—Gracias—sonrió, pero era más falsa que…—Quiero pedirte una gran petición ahora que el otro fin nos casaremos. — ¿El otro fin? Vaya…pensé que dentro de un mes.

Hice una mueca.

—Lamentablemente no iré a tu boda—ella abrió sus ojos un poco más de lo normal, pude ver real sorpresa.

— ¿Por qué? —preguntó.

—Tengo que viajar a Brasil.

— ¿No puedes cambiar tu viaje? —ella puso sus labios un puchero. —Quería que disfrutaras con nosotros nuestro gran día, además, Liam y yo queríamos pedirte algo importante.

—Cómo te repito, no estaré en la ciudad.

—Pareciera que huyeras de nosotros. —arqueé una ceja.

—En primera, no tengo por qué. En segunda, no cambiaré mi viaje programado de meses por un evento que…— ¡Cállate, Regina! Ella sonrió, pillándome sin filtro.

— ¿Te duele? ¿Incómoda?

—No, no me duele, solo que ODIO las bodas. —remarqué esa palabra, luego sonreí.

—Okey, me das a pensar que aún sientes algo por Liam. —estaba ya emputada, negué apretando el puente de mi nariz, luego la enfrenté.

—Si es todo lo que has venido…—ella me interrumpió.

—No. No tengo a nadie en la ciudad, no tengo amistades que pudiesen viajar a este gran evento, así qué, quería proponerte algo muy importante, pero veo que no accederás ya que aún das a entender que sientes algo por mi prometido.

Algo emergió en mi interior, casi le tiraba la pluma en la cara, intenté controlarme.

—Creo que deberías de dejar de imaginar cosas que no son, Rachel.

Ella sonrió.

—Cállame la boca entonces. —alcé una ceja. —Sé mi dama de honor…

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