El rostro de Flor se sacudió hacia un lado y el entumecimiento se apoderó de su mejilla. Le palpitaba la cabeza mientras le zumbaba el oído. Le tomó unos segundos darse cuenta de lo sucedido.
Sus dedos se cerraron en un puño mientras lentamente enfrentaba a Celeste, quien tenía una mirada cruel que estropeaba su rostro.
—Te sugiero que no me toques, princesa Celeste —la voz de Flor era ligera como una pluma, pero la advertencia era fuerte y clara.
—¿Qué puedes hacer? ¿Me devolverías la bofet