Capítulo 94.
Randolf va caminando por el pasillo directamente a la cima de la torre donde se encontraba Davina.
Los gritos desgarradores de dolor inundaban las paredes y rebotaban ante el desgarrante sonido.
Randolf abre la puerta de la habitación para encontrarse con Agneo, el brujo de la manada, y el de su mayor confianza, regulando los signos vitales de la fae.
Davina en el instante en el que se gira, con su rostro sudado, sus ojos desgastados y la respiración entrecortada, sonríe.
—Alfa, Alfa —dice ella