Capítulo 122.
El tiempo había pasado caóticamente, demasiado rápido y demasiado lento.
Alena se encuentra mordiéndose el labio una y otra vez.
— Tranquila, cariño, tranquila, todo saldrá bien.
— A ver, Randolf — dice ella de nuevo con la respiración agitada.— Vuelveme a explicar ¿cómo vamos a evitar que ellos me reconozcan? En el instante en el que sepan que soy yo, van a asesinarme por traición.
— Lo sé, lo sé— dice Randolph con la voz profunda— y jamás te expondría a algo así de no estar seguro que voy a