Sentir el calor de su cuerpo, era lo que había extrañado en gran manera.
Sus labios dulces y suaves apoderándose de los suyos, lo había pensado tantas veces mientras su cuerpo era azotado. Tenerlos ahora dándole suaves roces hacía que sus seres disfrutaran como si sus almas fueran acariciadas.
Diego sentándose en el sofá arrastra el cuerpo de Mateo sobre sus muslos haciendo que este abriera sus piernas en los lados. Acariciando la espalda por debajo de la camiseta Diego suspira entre los labios