Punto de vista de Kael
La ira tenía olor.
Los humanos no podían percibirlo.
Los lobos sí, la ira era tan real como la lluvia.
Y la mía olía a hierro caliente y sangre derramada, a tormenta antes de tocar tierra.
Permanecí inmóvil junto a la barra de ónix negro mientras observaba el líquido ámbar girar lentamente dentro del vaso.
Ni siquiera lo había tocado.
Solo lo miraba, como si en ese movimiento circular hubiera alguna respuesta que todavía no encontraba en ningún otro lugar.
Había pasado to