Mundo ficciónIniciar sesiónLos dos lloramos como unos niños pequeños, siendo el hombro del otro el pañuelo de lágrimas que evidentemente requieren ser lavados después de tanto llanto.
— Si que se ven patéticos. — dice Carlos desde la puerta y yo pienso que en cualquier momento terminarán entrando todos a mi habitación.— Tendré que colocar un cartel que diga: prohibido el ingreso.— Hoy podemos marcharnos, se supone qu






