15. Jefe en casa.
Durante el camino a casa Ana permaneció en silencio, las calles de la ciudad estaban solitarias y sumidas en una calma melancólica que la pusieron un poco más triste cada vez.
—Ellos estarán bien —le dijo Eduardo frente al volante y Ana respiró profundo.
—Es un cambio muy repentino —él ladeó la cabeza mientras apretaba los labios.
—Lo sé, pero entenderán que es para bien, piensa, ya no tendrán que trabajar empacando y distribuyendo drogas, ¿Te arrepientes de haberlo hecho? —Ana se quedó pensan