Maeve
Me arrastraron por el caos de la base con una fuerza que no esperaba y no pude manejar.
No me di cuenta de que era Ruan hasta que nos detuvimos en un pasillo casi desolado, lejos de los ojos de todos. Su sonrisa siniestra deformaba su rostro de una manera que enviaba escalofríos por mi espina dorsal.
—Vamos a divertirnos, zorra.
—Ellos no quieren que me mates —repliqué, intentando mantener la calma aunque por dentro estaba alerta, buscando cualquier oportunidad para escapar.
—Te escapaste