Maeve
—Todos, ángel. Todos morirán si solo ponen sus ojos sobre ti. —susurró con una voz ronca, cargada de posesión y protección en una frase que era tanto una promesa como una amenaza.
—¿Podrías dejarte de juegos? —pregunté, mi voz casi una súplica. —No te entiendo... Y no sé si quiero hacerlo...
—No son juegos, nada contigo es un juego, ángel.
Su respuesta me envió un escalofrío por la espalda, haciendo que me arqueara presionado mi cuerpo contra el suyo.
Su mano se deslizó suavemente sobre m