Maeve
Mientras mis puños golpeaban con un esfuerzo que poco a poco se convertía en frustración, Ethan observaba cada movimiento con una precisión casi quirúrgica. Sus ojos no se perdían ni un solo detalle, y aunque había mejorado en fuerza y precisión, mi velocidad seguía siendo un punto débil.
—Debes trabajar en tu velocidad, —dijo cómo leyendo mi mente, lanzándome una patada rápida que no logré esquivar a tiempo. El golpe me desequilibró, y caí al suelo con un golpe sordo.
Me levanté rápidame