Kane
El sonido de mis puños golpeando el saco de boxeo resonaba en la sala, una y otra vez, un eco de mi propia frustración. Sudor corría por mi frente, pero no me detenía; cada golpe liberaba una fracción del tormento que me consumía por dentro.
—Maldita sea, —murmuré entre jadeos, sintiendo la ira y el arrepentimiento mezclarse en cada golpe.
Los sacos a mi alrededor, desgarrados y deformes, eran testimonio de las horas que había pasado aquí, tratando de apaciguar el caos en mi mente.
—Sé que