Capítulo 40.
Bastian estaba intranquilo, moviendo su dedo índice mientras observaba por la rejilla de la puerta. Su hija no estaba con él. Era lo único que su mente repetía.
No la subestimaba, por supuesto. Pero sabía que en ocasiones se salía de las manos el que pudieran lastimarlos.
Ver a Kahín lastimado tampoco era de ayuda. Era el menor de sus hijos y necesitaba atención médica cuanto antes. Gangrena era lo último que quisiera para él y con lo aparatoso de su herida, la posibilidad no se descartaba.