Capitulo 32. Juego sucio
El reloj de la plaza da las doce, todo está en silencio. Las pocas personas que se han atrevido a venir están agolpadas en un rincón. El aire es espeso la atmósfera que rodea este momento está cargada. Mi corazón palpita con fuerza, mis piernas comienzan a fallar.
Agradezco a la abuela por haberse quedado a Luz en estos momentos. Sebastian hace acto de presencia lo acompaña una mujer morena de ojos rojos como la sangre y de un ser de más de dos metros de altura, no me atrevo a decir de qué espe