Capitulo 31. Duelo a muerte
Es extraño volver aquí y sentirme forastera, este se supone que es mi hogar y no me siento en casa...
La Manada está muy tranquila, yo diría que más de lo que podría recordar, apenas si nos hemos cruzado con un par de personas y estás han corrido despavoridas.
Caleb se marcha a casa y yo voy a ver a mi abuela. Llamo a la puerta y espero a que me abra, antes de marcharme puse la casa en venta pero no sé qué habrá pasado en mi ausencia.
— No ves que no son horas de molestar!— dice un hombre gordo