Vincenzo estaba impaciente, sentía que necesitaba contactarse con esta mujer que era, a su criterio, quién mejor podía representar a su nueva escudería. Él necesitaba a la mejor, ya que perder no era una opción y estaba seguro de que ella lo haría.
Mientras que Andrés, su asistente realizaba las llamadas necesarias, la puerta de la oficina fue abierta de manera brusca dando un fuerte golpe sobre la pared del otro lado.
La violencia de tal acto sobresaltó a los dos hombres que observaron conster