Eran curiosos los azares del destino, ya que mientras más se intentaran ocultar algunas cosas, más desesperadas parecían con querer salir a la luz.
Andrés tenía otra gran carpeta repleta de información que era primordial enseñarle a su jefe, pero también sabía que por el momento debía guardar silencio, por lo menos hasta estar seguros de que el embarazo de la señorita estuviera fuera de peligro y eso era algo que aún no podía decirse a ciencia cierta.
Si bien Dana ya estaba en casa, los médicos