—Omar... Mmm!
Sus labios fueron sellados por los de él. Quiso alejarse, pero él la sujetó por la barbilla con una mano y la forzó a abrir la boca para recibir su aliento.
Fue un gesto rudo, aplastando sus labios, como si quisiera devorarla por completo.
Adriana no era ajena a las relaciones íntimas, y tenía instintos propios. Su cuerpo se erizó ante su brusquedad.
Sin embargo, estaba sobria y lúcida. Retiró su mano y empujó con fuerza su pecho.
¿Después de un divorcio, aún esperaba usarla para s