—Alejandra— señora Vargas lo llamó suavemente, y Alejandra cerró la boca, aunque aún mostraba descontento en su rostro.
La atmósfera se volvió un poco incómoda. Señora Vargas miró con calma a Omar y dijo:
—No te preocupes por tu hermana, no tiene malas intenciones.
Omar no le prestó atención y mencionó que tenía asuntos de la empresa que atender.
—Bien, si tienes trabajo, ve y ocúpate de ello. Además, puedes llevar a Adriana contigo cuando bajes de la montaña— dijo la anciana.
Omar asintió, dio