—El dinero no importa, ya estoy harto de ese asunto desde que estaba en el vientre de mi madre— dijo Andrés, una afirmación bastante provocativa.
—Eso es para merecer un golpe— pensó Adriana.
—Entonces, ¿qué quieres?— preguntó ella.
—No lo sé por ahora, ya te lo diré cuando lo decida— respondió Andrés de manera despreocupada.
Hubo un movimiento en el piso de arriba. Adriana sabía que era Omar, así que sin pensarlo dos veces, colgó el teléfono.
Omar bajaba las escaleras con las manos en los bolsi