Cerca de la medianoche, yendo desde la cocina hacia la habitación, la luz era tenue, y a lo lejos parecía como una luz fantasmal.
Adriana siguió de cerca a Omar todo el camino, y cada vez que él se retrasaba un poco, ella se ponía nerviosa.
Al llegar a la habitación, finalmente sintió una sensación de seguridad como si hubiera llegado al cuartel general.
—Tengo dos tipos de colirios, ¿cuál prefieres?— preguntó ella.
—Como quieras— respondió Omar, impaciente por elegir y se sentó en la cama, clar