Sin necesidad de que Adriana lo explicara, Omar, al ver su expresión, supo a qué se refería.
Frunció el ceño y dijo:
—¡Fantasmas! ¿Pueden comer pollo?
Su madre y su hermana eran temas sensibles para él. Si no fuera porque acababa de ver a Adriana limpiando la urna de cenizas, habría perdido la paciencia y la habría echado.
Adriana se quedó perpleja por un momento, y su cerebro comenzó a funcionar de nuevo.
De repente, recordó algo.
—En la iglesia, ¿hay animales?
Esa idea tenía sentido.
Omar mej