Eran las once en punto. Adriana estaba sentada frente a la mesa con una expresión aturdida.
Roxana estaba en la cocina calentando las sobras que Adriana le trajo y, al escuchar sus experiencias, no pudo evitar exclamar:
—¡Increíble, Adriana! ¡Te estás superando a ti misma!
Adriana respondió:
—Lo creas o no.
Roxana salió con un paquete de fideos instantáneos, emocionada:
—¿Y el sobrino cómo reaccionó después?
Adriana tenía dolor de cabeza.
Recordaba la segunda mitad de la conversación en el re