Fuera de la ventana, las luces parpadeaban y, sin previo aviso, un automóvil pasó.
Adriana miró hacia afuera por un momento, pero no le dio importancia.
La comida ya estaba lista, y Sergio se quitó el anillo de la mano, planeando ayudarla con los mariscos.
—No es necesario, no es necesario— Adriana detuvo su movimiento, sorprendida de ser tan bien tratada, —Eres un paciente. Si no cuido de ti, ya es inhumano. ¿Cómo puedo permitirte que me cuides?
Sergio levantó la mirada y dijo:
—Eres una mujer