Adriana fue al hospital a visitar a Eduardo, quien estaba a punto de ser dado de alta.
Desde muy temprano, el joven estaba sentado junto a la ventana. A pesar de llevar una bata de paciente, lucía elegante con una chaqueta exterior. Aunque tenía el brazo y la pierna enyesados, eso no impedía que se viera guapo.
Lo único lamentable era su expresión facial.
—¿A las ocho y algo, no estás trabajando? ¿Por qué vienes al hospital?— preguntó con tono de reproche.
Esa forma de hablar hacía que a Adriana