Finalmente, la conmoción fuera de la puerta se detuvo por un momento.
Karina tenía el cuello presionado, su respiración temblaba.
Adriana, en cambio, se calmó. Tragó saliva, se volvió hacia Roxana y le indicó que prestara atención a la ventana.
Roxana había contactado a un amigo en la estación de policía, asegurando que llegarían en diez minutos.
Diez minutos...
Era demasiado tiempo.
Adriana cerró los ojos, pensando en una estrategia para salir. De repente, una frase resonó en su mente.
—Cuando