En la madrugada, la sala de la casa Vargas estaba iluminada con luces brillantes. Adriana estaba sentada frente a la mesa de mármol, sosteniendo su cabeza entre las manos, con un dolor de cabeza insoportable.
—Señora, ¿quiere beber un poco de agua? — dijo Renata en voz baja.
Adriana ni siquiera levantó la cabeza, simplemente hizo un gesto con la mano. Renata suspiró.
Omar subió las escaleras a ducharse, dejando su corbata sobre el respaldo del sofá. Antes de irse, le pidió a Adriana que se despe