Ante mis palabras, Valeria se mordió el labio y bajó la cabeza, al borde del llanto.
—No entiendo. La familia ya había aceptado, nuestro equipo ha trabajado arduamente todo el día, los periodistas están esperando ansiosos... —dijo con voz quebrada—. ¿Y ahora, solo porque un simple familiar no acepta la realidad, tenemos que llegar a este punto tan crucial?
Los médicos y enfermeras alrededor empezaron a defenderla:
—¡Es cierto, todos hemos visto lo duro que ha trabajado la doctora Valeria!
—¿De q