—Um... ¿chicos? —Glenda llamó vacilante a la pareja que se besaba descaradamente en el pasillo después de salir de su aturdimiento.
Llevaban ya cinco minutos y se les estaba yendo de las manos con Chris apretando el trasero de Roció, haciéndola gemir. Glenda tuvo que detenerlos antes de que comenzaran a hacer bebés frente a su puerta.
—¿Chicos? Um... está bien... solo... estaré dentro de la casa en caso de que me busquen —Glenda dijo incómodamente, señalando con el pulgar hacia el área de descanso mientras regresaba al interior de la casa.
Mientras tanto, los jadeos y la respiración agitada eran los únicos sonidos que se escuchaban en el pasillo mientras Chris besaba apasionadamente a Rocío. Había un indicio de hambre peligrosa y desesperación en ese beso.
Había estado nervioso todo el día mientras esperaba que ella regresara a casa. Para empeorar las cosas, ella no contestaba su teléfono ni respondía a sus mensajes.
Chris nunca había tenido tanto miedo de perder a alguien en su vida.