—Gracias. Se lo llevaré. Y por favor, dije que puedes llamarme Rocío —ella recordó pero Elizabeth negó con la cabeza.
—Creo que debería llamarte señora Stevens para que recuerdes que eres una mujer casada —dijo Elizabeth con frialdad.
Rocío se sorprendió por el tono que Elizabeth usó con ella. Tal vez sintió que era tacaña para comer sola mientras su esposo se moría de hambre.
Encogiéndose de hombros, Rocío llevó la bandeja y subió al estudio. Después de tocar tres veces y nadie respondió, Rocío decidió entrar de todos modos.
Descubrió que Chris había apoyado la cabeza sobre la mesa como si estuviera dormido.
—Ejem... —Rocío se aclaró la garganta y puso la bandeja sobre el escritorio.
Chris levantó la cabeza, su rostro sin emociones mientras miraba fijamente a los ojos de Rocío.
Rocío estaba hipnotizada por sus hermosos ojos y rostro varonil. Se veía tan guapo. Pero tenía que recordar que no estaban en buenos términos por lo que puso cara de estoico y se giró para irse, pero an