—Gracias. Se lo llevaré. Y por favor, dije que puedes llamarme Rocío —ella recordó pero Elizabeth negó con la cabeza.
—Creo que debería llamarte señora Stevens para que recuerdes que eres una mujer casada —dijo Elizabeth con frialdad.
Rocío se sorprendió por el tono que Elizabeth usó con ella. Tal vez sintió que era tacaña para comer sola mientras su esposo se moría de hambre.
Encogiéndose de hombros, Rocío llevó la bandeja y subió al estudio. Después de tocar tres veces y nadie respondió, R