Amelia arqueó una ceja. —¿Quieres esperar a que envíe una señal de socorro? ¿Qué pasa si se lo come un tiburón? —ella escupió con frialdad. El pensamiento hizo que su corazón se sintiera como si dos manos lo estrujaran sin piedad.
—Estaremos buscando con los monitores, señora —Xander respondió respetuosamente.
—Voy contigo.
Los ojos de Xander se abrieron. —No creo que eso sea sabio, señora —dijo vacilante.
—¿Por qué? ¿Porque soy mujer? ¡Preparen esos helicópteros! —siseó Amelia. Ni siquiera se