Habían pasado unos días desde que regresó a casa y como se sentía mejor, la atención de Maximiliano estaba en otro ser humano.
Su hermanito, Owen.
Amelia no pudo evitar ponerse celosa del hombrecito. Ella no pudo evitarlo. Los dos eran inseparables hasta el punto de que ella se sentía como la tercera rueda.
Se habían unido tan bien durante las últimas semanas que uno pensaría que se conocían de toda la vida.
—Sí... ¡Estoy ganando! —Owen gritó mientras presionaba los botones de la consola en sus