Rocío se detuvo en seco cuando vio los cambios en el jardín.
Las luces de cadena colgaban de los árboles, junto con las lámparas de papel, creando un brillo cálido.
Se instaló una mesa debajo de los árboles. Estaba coronado con velas y decorado con un centro floral como símbolo clásico de afecto.
La cena ya estaba puesta en dos platos a cada lado de la mesa.
Con el corazón acelerado, Rocío caminó hacia adelante, acercándose al hombre que estaba de pie junto a la mesa con un ramo de chocolates.
Después de darle los chocolates a Rocío, Chris le dio un pequeño apretón en el trasero.
—Te ves bien con el chándal... También has ganado algo de carne, me encanta.
—Deja de burlarte de mí. Espera hasta que engorde mucho y mira si todavía piensas lo mismo —Rocío dijo mientras se sentaba.
—Oh, lo haré. Te amo por ti, no por tu apariencia, nena. Tal como me amabas cuando parecía que salí de la jungla hace un mes.
Rocío se rió a carcajadas al recordar que Chris parecía un cavernícola peludo.
La cen