Chris estaba de buen humor después de que John le dijera que Rocío sonrió cuando recibió el KFC que él había pedido para ella. Creía que era solo cuestión de tiempo antes de que Rocío volviera a abrirse a él.
Para su sorpresa, su madre se había presentado en su oficina sin previo aviso. Por supuesto sin nada sensato de qué hablar aparte de obligarlo a casarse con Lydia que, según María, era culta.
Pero Chris discrepaba. Alguien culta no se arrojaría descaradamente a un hombre.
—Mamá, hemos hablado de esto. Amo a otra persona —dijo Chris, gimiendo de frustración.
—Otra vez con esta tontería. Tráemela entonces. Quiero conocerla para dejar de molestarte —dijo María.
Durante todo este tiempo, el corazón de Chris estaba acelerado. Rezaba internamente para que Rocío se quedara en su oficina porque su reunión con su madre no era un comienzo.
Pero, por supuesto, nadie escuchó la oración de Chris cuando Rocío irrumpió con entusiasmo en su oficina.
—Sí, mamá, ella es la mujer que amo —di