82 - Confías en todos.
ARTURO BRUSQUETTI.
— Debes calmarte, Arturo — escuché decir a mi esposa, pero la verdad era, que no deseaba hacerlo. De no ser por Raúl, quien está en mis brazos, ya lo hubiese golpeado.
— Déjalo que hable, Kerianne. Los Brusquetti tienden a ser personas irrazonables con la lengua mu suelta — escupió el hombre —. No me sorprende que su hermano haya desaparecido de la noche a la mañana y ni hablar de la muerte de su madre…, tan repentino, por cierto.
— Ten cuidado con las palabras que salen de t