68 - Un dolor inigualable.
El grito ahogado de la mujer, llama la atención de todos. Mi hermano, inmediatamente se acerca a ella, y de su cintura, saca una navaja.
— No llores, porque de lo contrario, tendré que escribir mi nombre sobre tu piel, y no será con este hermoso y elegante cuchillo — Los ojos de la castaña, estaban inundados de lágrimas, y se aguantaba las ganas de sollozar, mientras, movía la cabeza de arriba, abajo, aceptando las órdenes —. Ahora ve a cocinar algo. Tengo hambre.
— Me estoy cansando, Armando —