La exposición global de César fue un gran éxito, y pronto llegamos a Usia.
Cuando él sacó del aeropuerto con mi maleta, nos rodeó enseguida un grupo de periodistas.
Entre ellos, algunos intentaban sacar información sobre mí y Jaime, pero César los rechazó.
En ese momento, una figura demacrada entró en la multitud sosteniendo un cuadro.
Era Jaime, con la barba desaliñada.
Era el cuadro del atardecer en París que yo había destrozado el día que dejé el estudio de pintura, ya fue reconstruido con pe