MARTINA
No sabía que mierda me pasó, que desde que registré el número de Teo en mi móvil, no volví a cambiarlo. Ese corazón junto al nombre de Teo causó que Lars frunciera el ceño y me miraba de una manera que creo que, si las miradas matasen, ahora mismo estaría muerta.
—¿No vas a contestar? — preguntó y me dio miedo a responder.
—No.
—Ya decía yo.
El móvil dejó de sonar, y mi corazón se relajó, al menos después de que este saliera por la puerta del salón.
Me quedé mirando al aparato mientras